El supuesto de la Educación:
construcción desde los valores educativos
“la mayor
riqueza de un país no son los recursos naturales ni financieros,
el principal
recurso es el cerebro de los ciudadanos”
(Facundo
Manes)
La pregunta mas interesante, y que nos quita un tanto de la pereza que
induce el título de la ponencia, entiendo que es: ¿Qué tipo de subjetividad[1]
conforma la educación actual? A partir de la respuesta que podamos “bordear”,
entendiendo que es muy difícil dar en el blanco y dejar exhausto el tema,
podremos ir vislumbrando una arista del problema del Desarrollo Humano que es
justamente que aquello que llamamos Desarrollo
tenga un componente Humano y de que
manera se puede iniciar un trayecto para que esto sea posible desde la
formación o educación formal.
La construcción de una teoría del desarrollo para que encuadre dentro de
las perspectivas que la abordamos, esto es, para que sea humano, debe dar
cuenta de la contribución a la construcción de libertades humanas. Estas
libertades humanas no son ni mas ni menos de aquello que damos a llamar, a
veces con tanta soltura, como subjetividades
libres. Si logramos sacar el concepto de los libros de educación o
pedagogía entendemos que esto se trata de la conformación de subjetividades
sociales que ven ampliadas sus libertades, ampliación que significa tener mas
opciones. Opciones que son de todo tipo: materiales e intelectuales. Es así que
para ello debe haber una profunda interacción entre las políticas del sistema y
la libre determinación de los individuos y su realización por las políticas públicas.
El concepto de desarrollo ha tenido una suerte de movimiento pendular
generando una gama amplia de efectos de sentido donde se lo ha postulado como
estandarte para sostener principios económicos, políticos, sociales, etc. Así
es que se ha vinculado el término desarrollo
a conceptos tales como procedimientos/procesos,
eficacia/eficiencia, sustentabilidad/sostenibilidad, ciencia/tecnología, etc.
Lo cual en muchos aspectos es acertado y hasta necesario, mas no suficiente
para agotar el tema o centrarlo en alguna de estas y otras perspectivas, sino
que son lados convergentes de este “poliedro” de significados y connotaciones
que es el desarrollo.
Un aspecto que es fundante y que debe ser uno de los puntos de partida
para la reflexión sobre la Economía Humana, abarcando así a todas las
disciplinas que convergen en la expresión, es el de una educación que
contribuya para el desarrollo humano.
Los niños ingresan en nuestros jardines de infantes, hacen la escuela
primaria y la secundaria para luego estudiar o trabajar o hacer las dos cosas a
la vez. Y siempre el nivel inferior es preparatorio para el nivel superior. En
el Jardín juegan para introducirlos en el mundo del orden y las reglas; en
Primaria comienzan a obtener rutinas para poder desarrollar el pensamiento mas
abstracto que luego les será requerido en Secundaria, donde finalmente tendrán
que aprender Derivadas e Integrales para el ingreso a la Facultad donde serán
puestos a prueba una y otra vez para ser adiestrados en el difícil arte del autocontrol
y la disciplina de manera tal de estar preparados, una vez graduados, para el
mundo hostil y salvaje del trabajo. Entonces de la Facultad egresa una especie
de gladiador corporativo.
Si desandamos un tanto este camino, y sin la caricatura del relato, nos
encontramos con que a lo largo del trayecto formativo de los estudiantes vamos
inculcando una serie de valores que luego atentan contra la construcción de
cualquier cosa que queramos calificar como humana.
Y esto es llamativo porque escuchamos por todos lados que hay que educar en valores, y será esto lo que
nos saque adelante y vuelva a construir una sociedad mas justa, responsable y
dedicada al trabajo y a la dignidad de las personas. Discurso que arranca
bastantes aplausos en las escuelas.
Lo curioso es que el sistema de valores que se inculca no son los
adecuados para hacer mas humano algo, aun cuando se los postula como los
necesarios para generar eso que se llama “calidad educativa”, siendo una de las
grandes incógnitas del sistema educativo: contenidos, sistemas, pedagogías,
niveles de intervención, valores, competencias, regímenes académicos,
evaluaciones, notas. ¿Qué de todo esto define la calidad en educación?
Según Zilberstein (2000) “la calidad responde a un momento histórico
concreto, en un proceso social, político, económico dado y se corresponde con
la cultura acumulada de un pais”.
Desde el encuadre filosófico podemos ir vislumbrando que la conformación
de la subjetividad en la educación se da en base a la trasmisión de ciertos
valores tácitamente inscriptos en las prácticas, probablemente en muchas
ocasiones sin que estos sean manifiestamente deliberados, consensuados y/o
pensados. En este sentido es que resulta necesaria la reflexión sobre el
sistema axiológico educativo: ¿Para quién? ¿Por qué? ¿Para qué? Puesto que “toda pedagogía es, previamente, ciencia
profunda del hombre” (Mantovani, 1983: 25). De allí que para comenzar el
acto educativo lo primero a tener en claro es que tipo de hombre tengo frente y
quiero formar. Cosa que en educación no está siempre claro: “Cuando una
educación adolece de firmes convicciones acerca de la idea de ser humano, corre
el riesgo, como lo hecho hasta ahora por la educación occidental contemporánea,
de refugiarse en los falsos brillos de la innovación metodológica, avanzando
con creces en la técnica y el dato estadístico, pero abandonando al ser humano
a su suerte, pero lo podemos vislumbrar en la carga de valores que se
transmite a diario en las aulas.” (Gabriel Cimaomo, ¿Para qué filosofía de la educación?)
El sistema de valores que se asume dentro del aula nos deja entrever por
método reductivo al menos que tipo de subjetividad es el de la educación. Repasemos
algunos de ellos.
El reconocimiento al mérito:
en algunos casos donde se reconoce solo los casos de éxito y en otros
simplemente es un “no llegaste pero te premio el esfuerzo”, en definitiva es
perpetuar el sistema;
El elogio al autocontrol: siendo
la mejor manera de hacer perder la motivación interior a la realización de la
tarea;
Los refuerzos positivos: como
una práctica encubierta de mostrar que el estudiante debe hacer y querer lo que
nos parece a nosotros que está bien y no lo que él pueda crear;
La recompensa al sacrificio: en
desmedro de poder desarrollar las áreas donde mejor se siente, donde mejor
piensa y se desenvuelve;
Desarrollo de competencias: sin
demasiadas evaluaciones de que competencias, para que, orientadas a donde,
haciendo de guía forzosa para decisiones futuras.
¿Qué es lo que generan estos tipos de mecanismos para inculcar “valores”?
Una subjetividad que sabe que se tiene que comportar de una determinada manera
y que tiene que tener una conducta estoica si en algún momento siente que se
está desviando de lo esperado para él.
Esto sirve simplemente para graficar algunos aspectos que tiñen nuestra
educación y que moldean un tipo de subjetividad que no es necesariamente la que logre hacer humana alguna disciplina y mucho menos
la economía: bastaría con repasar los contenidos de las materias que en
Secundaria les impartimos y sus metodologías y hacer una mirada crítica sobre
las orientaciones que sustentan los programas en las Universidades de
Económicas. El famoso Homo Aeconomicus
es reforzado allí y constantemente puesto de relieve desde una perspectiva
mecanicista y materialista en muchos casos acérrima. Pero elevando la puntería
para no atacar solo los síntomas y volviendo a nuestro punto central veamos cómo
estos valores que se inculcan en las prácticas de todo el sistema educativo
pueden ser subvertidos en pos de la generación de subjetividades que sean
capaces de crear valores nuevos y tengan el espíritu necesario para “jugar” y
destruir-construir encuadres humanos, mas humanos (Nietzsche).
Si pudiéramos abordar cada práctica e intervención docente desde las
preguntas fundamentales que todo educador debería responder, estaríamos frente
a un nuevo paradigma seguramente. ¿Qué preguntas?
-
¿Qué tipo de ser humano deseo formar? – Antropológica
-
¿Con cuales valores y contenidos? – Axiológica
-
¿Para qué? - Teleológica
En un intento por ser consecuentes con la crítica expuesta una vez que, de
manera sintética, exponemos algunos de los rasgos que colaboran a la formación
de un determinado tipo de subjetividad, debemos plantear un intento de
propuesta. De lo contrario solo nos quedaríamos en el plano de la denuncia
superflua al estilo: “esto está muy mal, pero no tengo idea de que estaría
mejor que ello” y seria esto lo más parecido a las charlas que tenemos acerca
de futbol y sistemas tácticos o convocatorias a los seleccionados.
Entiendo que la mejor propuesta es referirnos a estas preguntas
fundamentales de la Educación de manera tal que pongan en cuestión nuestras
prácticas habituales. De esta manera podremos tener en cada una de las
intervenciones docentes un mapa de fundamentos y criterios desde el cual
abordar contenidos y didácticas orientadas a conseguir lo que se proponen de
manera eficaz y certera. A ningún docente se le ocurriría contestar a estas
preguntas aduciendo: “quiero formar una subjetividad
egocéntrica, despreocupada de su contexto
socio-económico-familiar-educativo-etc., que haga caso omiso de sus emociones y
reprima todo tipo de impulsos; que sepa muchos contenidos aunque sea sin saber
para qué, que comprenda que vivir aislado es mejor y que debe perseguir a toda
costa el bienestar económico por sobre todo para tener una posición dominante
en la sociedad y poder acceder a los mejores servicios”. Realmente aunque
alguno lo entienda de esta manera seria mas que raro que lo exprese… pero de
todas maneras estas preguntas no tienen una única respuesta sino una variedad
muy amplia de aquello que llamaríamos “buenas respuestas” en contraposición con
la ficticia expuesta.
La centralidad del tema reside en la direccionalidad de las preguntas
fundamentales respecto de nuestro tema: mucha bibliografía referida a la
pregunta teleológica de la educación, pero muy pocas veces nos detenemos a
pensar en el aspecto antropológico y axiológico. Mejorar las expectativas de
empleo; para una vida con sentido y participación comunitaria; para la
evolución de la economía; la reducción de la pobreza; etc. Y esto se entiende
que así sea en un contexto cambiante y en la interpretación de la realidad
actual: mundo globalizado, características regionales, necesidades diversas,
tecnologías, mercados, etc. ¿Dónde poner el foco?
Si la mejor manera de salir de un laberinto es por arriba, siguiendo a
Marechal, entonces tendremos que elevarnos un tanto (aunque últimamente vemos
que la mejor manera de escapar parece ser cavando túneles…) y apuntar las
preguntas hacia un fin que pueda permanecer mas o menos estable aun en
realidades cambiantes. ¿Es posible? Está claro que esto nos arrojaría una serie
de proposiciones formales que intentarían dar cuenta de la problemática, pero
para ahorrar esfuerzos y no seguir dando vueltas sobre las mismas conexiones
neuronales que ya están hechas, vamos a citar lo que consideramos la mejor
formulación de que cosa sea lo que tenemos que hacer para dar en el blanco y
lograr educar para verdadero desarrollo, y es “... buscar el nuevo humanismo que permita al hombre hallarse a sí
mismo, (…) Así es como podrá cumplirse en toda su plenitud el verdadero
desarrollo, que es el paso, para todos y cada uno, de unas condiciones de vida
menos humanas a condiciones más humanas.” (PP, 20)
De donde surge entonces la necesidad de inculcar los valores necesarios
para que esto pueda efectivamente hacerse realidad. Los valores de una
educación que apuntan a la famosa calidad educativa, y que son los que tienden
a perpetuar la reproducción del sistema, los tenemos que tamizar desde esta
perspectiva superadora, entendiendo su origen y orientando su transcurrir para
conseguir la “humanización educativa”.
Ahora bien, si para algo nos va a servir la filosofía es para
preguntarnos y re-preguntarnos, con lo cual vamos a poner de relieve y en
cuestión los valores que transmitimos y clarificar conceptos para intentar
vislumbrar un camino. Y las preguntas de la filosofía entiendo que deben ser
siempre: ¿Qué quiere decir esto? ¿Por
qué? Es la actitud del niño que siempre pregunta. Entonces apliquemos estas
preguntas a eso de la “humanización educativa” o la “educación humana”.
Economía, política, medicina, cultura y todas las actividades, como así
también la educación, deben ser la premisa que se contiene en la expresión
“Economía Humana”. ¿Qué quiere decir esto?: que ningún aspecto de la actividad
humana debe estar descentrada de la problemática de hombres y mujeres, en y de
Instituciones, en y de Organizaciones, en y de estructuras, etc., concretos y
palpables y que tienen condicionamientos y horizontes de expectativas. Es
decir, y con más simpleza imposible, que son humanos. Son concretos. Y deben
ser dignos.
¿Y que es dignidad? “Decir vida, es decir vida humana concreta: trabajo, tierra,
casa, alimentación, salud, educación, familia, participación, cultura, medio
ambiente, fiesta. Todas estas «necesidades básicas» son realidades corporales
esenciales y en cada una de ellas se juegan todas las dimensiones antes mencionadas:
económica, política, ética, espiritual, etc. Ninguna realidad de vida es sólo
económica o sólo espiritual.” (Teologia en la Teologia de la Liberacion, Pablo
Richard. Mysterium Libertionis).
¿Y por qué? Porque justamente lo que buscamos
es formar subjetividades libres. Lo que quiere decir que buscamos formar
personas capaces de poseer esa libertad necesaria como para comprender que
nuestros países, nuestra region y que el mundo necesita que nos despojemos de
las lógicas del materialismo mecanicista que nos conduce a lugares con cada vez
menos “condiciones mas humanas”.
Perfecto, pero… ¿qué hacemos entonces? Pensar,
reflexionar y construir interdisciplinarmente una propuesta de trabajo. De esta
manera daremos lugar al compartir, debatir y
pensar en los distintos lugares donde actuamos mas y mejores variantes
con el fin de promover un cambio en la formación de nuestros docentes y estudiantes.
Esto hace que necesariamente pongamos en cuestión el sistema de valores actual
para la construcción y desarrollo de nuevas maneras de intervención proponiendo
un cambio “desde abajo” y no reclamando por nuevas políticas o planes de
estudio o contenidos curriculares. Este re-pensar el sistema de valores y por
ende volver a preguntarnos por el subjetividad de nuestra educación tiene el
propósito de formar, ahora si dicho expresamente, subjetividades capaces de
intervenir en la realidad siendo actores activos del desarrollo.
Lo educativo en este sentido desborda los
límites de la educación formal y los contenidos curriculares, de manera tal que
no continúe reproduciendo el sistema mecánico y exclusivo. Entonces toma
relieve y sentido la consigna de educar en valores pensando en formar una subjetividad
desde una argumentación humanística integral. Inmersos en la tarea de atiborrar
con contenidos y mas contenidos, los docentes perdemos de vista el horizonte y
se desdibujan las preguntas fundamentales para dar paso al temario.
Educar y formar. Esta es la propuesta. Generación
de espacios dentro de la currícula
donde fomentar la creatividad y la capacidad de innovación de los estudiantes
puestos de frente ante situaciones concretas de necesidad. Si preguntamos a
cualquier docente que expresa el proceso de aprendizaje significativo sin duda
nos recitara varias frases de Ausubel y compañía, pero muy pocas veces las
respuestas van orientadas al intento de poner al estudiante a pensar con sus
conocimientos, sus motivaciones, intereses, miedos, historias, de qué manera se
puede romper la lógica de la desigualdad y la no inclusión. El cambio tiene que
ser epistemológico.
Enseñamos contenidos. No que hacer con ellos.
Un ejemplo: recreo de un profesorado y charla con una docente de
matemática. Entro en la conversación luego de escuchar que “los chicos de 6to
año no tienen posibilidad de comprender derivadas e integrales”. Pregunto
entonces si se trata de un problema ambiental o madurativo, o sea, si es que no
los preparamos antes para ello o si es que el chico no está desarrollado para
comprenderlo como mi hijo de 2 años no está desarrollado para comprender que
2x2 es 4. La respuesta fue un triste “nunca lo había pensado, no sé. Yo sé que
no lo entienden”. Pero resulta que nadie les dijo para que servían, que con
ella pueden calcular cuantas repeticiones de flexiones de brazos pueden hacen
en educación física o calcular un sistema de cuotas de una tarjeta de crédito.
Y si encima a esto le sumamos y nos proponemos enseñarles que no solo se
trata de conocimientos sino de que hacer con ellos y que ese hacer puede
transformar realidades, entonces tenemos una base un tanto mas asequible para
generar conciencias de cambio. Un trabajo que realizamos en un Colegio integra
varias materias de manera tal que los contenidos curriculares que se “entrecruzan”
se trabajen transversalmente a través de distintos proyectos. Estos proyectos
están basados en la innovación porque se trata de productos o servicios
necesarios en la industria o el mercado que no están desarrollados y que añadirían
un valor agregado a varias economías regionales a la vez que serían generadores
de mas fuentes de trabajo y mas calificadas. A la vez que integran
necesariamente conocimientos provenientes de distintas áreas deben aplicarlo
para la solución de problemas reales, siendo la condición que el proyecto
alcance de alguna manera una propuesta de mejora de las condiciones actuales y
sea instrumento de promoción.
Para esto fue necesaria una discusión donde directivos y docentes
pensaran de qué manera abordar y conducir los contenidos para vincularlos con
otras materias y que de esta forma los estudiantes sean movilizados a plantear
los proyectos. Esto a su vez conlleva la discusión acerca de que tipo de
estudiante queremos formar y para qué. Entonces generamos la conciencia de que
vamos a implementar las estrategias necesarias para que los valores a
transmitir sean acordes con esta propuesta: la creatividad, la innovación,
grupos de interés, saberes orientados a resolución de problemas reales, sentido
comunitario, el saber recibido y aprendido como fuente de cambio social, que la
apropiación de saberes tiene que tener una “vuelta” a la sociedad, trabajo
comunitario, etc. De esta manera el eje temático no gira ya en torno a
contenidos sino con vistas a la consecución de un proyecto que tiene que ver
con la comunidad.
No es la idea exponer aquí determinados proyectos ni casos de éxito en
algunos lugares, dado que no solo es muy probable que no tengan los mismos
resultados en otras instituciones sino que se trata simplemente de mostrar que
la propuesta siempre debe partir de las preguntas fundamentales: no puede ser
que la pregunta surja porque el resultado no es el esperado. Siempre al inicio
tenemos que preguntar que tipo de persona tengo enfrente, como quiero formarla,
que sistema de valores debo trasmitir y fomentar en ella, para que, por qué.
Dentro de esta Institución: ¿Qué
personas hay? ¿Cómo las quiero formar? ¿Cómo las puedo formar?
Insistimos una y otra vez en que la educación es un vector importantísimo
para la gestación del cambio, sabiendo que no es el único ámbito donde debe
darse, pero teniendo en cuenta que el horizonte de expectativas debe ser la
formación de actores transformadores de la realidad en base a la trasmisión de
valores y saberes que “desde abajo” logren impulsar un nuevo modelo de
desarrollo a través de una nueva conciencia colectiva que ponga en relieve este
nuevo rumbo: conocimientos y sistema de valores orientados al desarrollo de las
personas, generando espacios, ideas, proyectos, acciones que hagan mas humanos
los espacios, ideas, proyectos y acciones que aporten a la construcción de
países integralmente desarrollados.
[1] La
noción de subjetividad la utilizamos para evitar el término sujeto. Sin querer entrar en detalles
sostenemos la dificultad del mismo y su crítica desde la concepción nietzscheana.