Mi
propio Chala. A propósito de la película cubana “Conducta”
No
hay algo que quisiera cambiar. Hay algo que quisiera desterrar. Es “esa” cosa
que creo que cambiaría las perspectivas y sería dar en el punto justo. Necesito
graficarlo con un ejemplo que me puso a pensar esto de Tyler:
“Puesto
que
el propósito real de la educación no es que el instructor realice ciertas
tareas, sino promover cambios significativos en las pautas de conducta del
estudiante, es importante reconocer que todo enunciado de objetivos estará
relacionado
con los cambios que experimenta el alumno” (Tyler, 1973, pág. 47)
Una niña de 5to grado fue víctima de grooming
hace un mes atrás. El padre con los recursos que tuvo a mano estaba entre
furioso, dolido, aturdido, temeroso. Todo junto. Comenzó por donde pudo y fue
por el colegio creyendo o queriendo creer que el instigador depravado estaba
allí. Por supuesto estuvimos en vilo todo ese tiempo. Un mes después se descubre que no era de la
escuela y la niña continúa viniendo a clase normalmente.
La reacción en el colegio fue no renovarle la
matrícula para el año que viene dado que la familia había claramente perdido la
confianza en la institución y se veían ánimos de entablar acciones judiciales.
Se le envía una CD diciéndole que no se le renueva la vacante y se los cita
para explicarles la decisión. Yo firmé esa carta. Y les dije que no tenían
vacante.
“Todos los años tengo un Chala en el aula.
Ninguno pudo más que yo, porque en el fondo, todos son muchachos. Hay cuatro
cosas que hacen a un niño: la casa, la escuela, el rigor y el afecto. Pero
cuando cruzan esa puerta, está la calle. Y un maestro necesita saber lo que les
espera allá afuera. Antes para mí la vida era más clara, y yo sabía para lo que
preparaba a un alumno… pero ahora, lo único que tengo claro, es para lo que no
debo prepararlo.” (Carmela)
Donde se posa la mirada. Dice Graciela ¿Quién ofrece la
óptica? Es el intento del paso del “Sujeto
educativo” al pibe que está ahí.
Por
un tiempo me convenció el argumento de “esta piba nos va a traer un montón de
problemas” o “ la familia perdió la
confianza”. Cuando vi a la chica que mide un metro y medio y es una niña no
pude ver ningún problema por más que me esforzaba. Después intente encontrar un
“confianzometro familiar”. Menos todavía.
Carmela
hacia lo de Foucault y se daba cuenta de que
“No
se trata de liberar la verdad de todo sistema de poder — esto sería una
quimera, ya que la verdad es ella misma poder— sino de separar el poder de la
verdad de las formas de hegemonía (sociales, económicas, culturales) en el
interior de las cuales funciona por el momento.” (Michel, 1980, pág. 189)
Chala y Yenni no eran “casos” que había que
tratar. No eran “situaciones” que requieren aplicación de medidas estándar y
comunes. Salir de la hegemonía, de dar por supuesto el orden establecido. De
hacer lo que se hace porque así se hace.
¿Qué hace para romper con el orden impuesto?
Enfrenta. Pero asume. Enfrenta a la Supervisora, al supuesto padre de Chala, a
la policía. Pero asume que no puede contra todo. Y asume que hay un “otro” que
toma o deja lo que se le da. Pero nunca deja de hacer sino que dice “El día que yo no
decida lo que pasa en mi clase... hasta ese día soy maestra.”
Y vio a unos chicos. No vio nunca a una
inmigrante o a un problema de conducta. Chicos que se pelean pero que se salvan
si se están por ahogar. Que se pelean pero que después dan besos.
“Lo que pasa es que estás pensando en cómo quedan ustedes…
y yo pienso en cómo queda el muchacho” (Carmela)
Es la manera de ver que “Las dinámicas de
poder estigmatización
entre los grupos escolares, cuyos mecanismos pretendemos descifrar y
comprender en nuestros procesos de investigación, pueden contribuir a través
de los modos naturalizados de nominación a procesos de inferiorización social
que se expresan en adjetivaciones de auto-humillación escolar.”(Karina & Di Napoli, 2017)
entre los grupos escolares, cuyos mecanismos pretendemos descifrar y
comprender en nuestros procesos de investigación, pueden contribuir a través
de los modos naturalizados de nominación a procesos de inferiorización social
que se expresan en adjetivaciones de auto-humillación escolar.”
Esa cosa es el poder ver “como queda el muchacho”. Que no es enseñar, es que aprenda. Que no es
resguardar instituciones sino no dejar pibes otra vez fuera. De ahí vale
preguntarse que se enseña, como, para qué.
El niño que le dice a su mamá que pague la luz,
que le tira la bebida y se enoja con ella. El mismo niño que la abraza porque
la quiere y necesita. El mismo que se entrega por su maestra. El que se pelea con otros chicos, que
enfrenta su supuesto padre que lo dobla en tamaño. El mismo que sabe que es
como “Colmillo Blanco”.
¿Qué se hace? ¿Cómo se hace? ¿Cuándo decimos que hay
un niño? ¿Qué se ve cuando, al mirar a un niño, se lo piensa como «un niño no
como los niños»? (Frigerio, 2008)
Que las palabras suenen. Nunca escribí una CD
tan larga como la que envié a la familia diciéndole que tiene matrícula para el
año que viene porque entre grandes nada tienen que ver los niños. Me hubiese
gustado que sonaran las palabras.
Desterrar la mirada hegemónica de la estructura
y virar hacia un espacio donde “los
docentes y la escuela deben salir al encuentro de los estudiantes para reconquistar su subjetividad. La investigación señala que la efectividad de dicha tarea será mayor si se cuenta con escuelas y sujetos capaces de establecer vínculos emocionalmente positivos y significativos para los estudiantes y docentes.” (Gomez Caride, 2016)
docentes y la escuela deben salir al encuentro de los estudiantes para reconquistar su subjetividad. La investigación señala que la efectividad de dicha tarea será mayor si se cuenta con escuelas y sujetos capaces de establecer vínculos emocionalmente positivos y significativos para los estudiantes y docentes.”
Romper con el destino de los cuerpos. Si lo que
enseñamos no es para eso, si lo que queremos que aprendan no les dice nada o no
los ayuda a romper con la circularidad de su “destino”, entonces tenemos que
salir de esa lógica reproductiva. Entonces hay que tomar los curricula y
dejarlos a un costado hasta que veamos que ahí hay un niño y una niña.
“Puesto
que
el propósito real de la educación no es que el instructor realice ciertas
tareas, sino promover cambios significativos en las pautas de conducta del
estudiante, es importante reconocer que todo enunciado de objetivos estará
relacionado
con los cambios que experimenta el alumno”
Bibliografía
Frigerio, G. (2008). La division de las infancias.
Buenos Aires: Del Estante.
Gomez Caride, E.
(2016). ¿Buenos Profesores? Pensamiento Educativo, 10.
Karina, K., & Di
Napoli, P. (2017). Tipificaciones juvenilessobre la violencia en el escenario
escolar. Ultima decada, 180.
Michel, F. (1980). Microfisica
del poder. Madrid: de la Piqueta.
Tyler, R. (1973). Principios
basicos del curriculo. Buenos Aires: Torquel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario