domingo, 10 de junio de 2018


Preguntas

Me queda resonando una pregunta: ¿Qué hay detrás de lo que enseñamos? Hasta detrás del curriculum oculto ¿Qué fuerzas operan?
¿Por qué se enseña lo que se enseña? ¿Por qué los cambios que se proponen en los curricula y en el sistema?
La llamada crisis de la educación termina afectando de manera más fuerte a los más desfavorecidos, esto es, a los más pobres. Cabe la duda de si es una correlación intencional o no. Cabe preguntarse si es la parte no pensada o si en verdad es producto de un sistema bien armado a propósito de ello.
Cuando hablamos de calidad educativa, término tan opaco, ¿Qué es lo que decimos? Esto se pregunta Aguerrondo y lo responde con claridad meridiana
 “No obstante, y marcando las diferencias, creemos que es posible acercar posiciones. Podemos coincidir en que un sistema educativo de calidad es aquel que es eficiente, a condición de que revisemos cómo se define la eficiencia. Superando concepciones reduccionistas, entendemos que un sistema educativo eficiente es el que brinda la mejor educación posible a la mayor cantidad de gente en los tiempos previstos. Entender la eficiencia en este marco permite superar el reduccionismo eficiencista pues integra un criterio netamente educativo (la definición de qué es mejor educación) como parámetro para la lectura de la
eficiencia. Así, el juicio de eficiencia no se realiza a partir de criterios de lógica económica, sino a partir de criterios de lógica pedagógica. Un sistema educativo eficiente no será entonces aquel que tenga menos costo por alumno, menos alumnos en la clase, sino aquel que, optimizando los medios de que dispone (independientemente de cuál sea su cantidad), sea capaz de brindar educación de la mejor calidad posible a toda la población.
 (Aguerrondo, 2002, pág. 7)
¿Serán los grupos dominantes los que dicen que es una buena escuela? ¿Son los que “arman” el curriculum, los que dicen que se estudia, que es saber, que es “lo bueno”?
¿Quiénes son los ganadores con el tipo de escuela que tenemos? Las condiciones económicas influyen en los resultados académicos, junto con los niveles educativos de los padres, en especial de la madre. Eso lo sabemos bien. El capital cultural de la familia y del entorno también son factores que predicen el rendimiento escolar. Entonces ¿Qué peso tiene la escuela? Esto es volver a Coleman. Más bien la pregunta sería ¿Qué hace la escuela para equilibrar el peso del “afuera”?
La presión que se siente sobre la escuela y la educación es tan fuerte que a veces da que pensar. ¿Tiene que cambiar la escuela o el entorno? ¿Cambiando las condiciones socioeconómicas de los estudiantes no será suficiente? ¿Para qué evaluamos tanto los aprendizajes si ya sabemos las respuestas?
Una escuela donde las condiciones del estudiante no obstaculicen el proceso de aprendizaje. Una escuela donde no haya caracterización de estos. Una escuela donde la única variable sea la igualdad de inteligencias. Una escuela donde la historia de los chicos no juegue en contra. Una escuela donde las características de los padres no condicionen la mirada hacia el estudiante. Una escuela que acepte, que haga aprender, que promuevas cambios de miradas, que amplíe horizontes. 
Es el desiderátum que quisiera para mi escuela. La salida de la hegemonía. El fin de la carga emotiva y expectante que aplasta y pesa sobre la educación por un lado, y por otro el cese de las miradas que se van hacia  afuera y esperan que las condiciones adyacentes cambien y se “aguantan los trapos” hasta tanto. 
¿Cómo emancipar? Es la pregunta que me aparece al final pero que me guía la reflexión. Una buena pregunta para hacerme todas las mañanas antes de comenzar las tareas diarias.


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