Preguntas
Me queda
resonando una pregunta: ¿Qué hay detrás de lo que enseñamos? Hasta detrás del
curriculum oculto ¿Qué fuerzas operan?
¿Por qué se
enseña lo que se enseña? ¿Por qué los cambios que se proponen en los curricula
y en el sistema?
La llamada
crisis de la educación termina afectando de manera más fuerte a los más
desfavorecidos, esto es, a los más pobres. Cabe la duda de si es una
correlación intencional o no. Cabe preguntarse si es la parte no pensada o si
en verdad es producto de un sistema bien armado a propósito de ello.
Cuando
hablamos de calidad educativa, término tan opaco, ¿Qué es lo que decimos? Esto
se pregunta Aguerrondo y lo responde con claridad meridiana
“No
obstante, y marcando las diferencias, creemos que es posible acercar posiciones.
Podemos coincidir en que un sistema educativo de calidad es aquel que es
eficiente, a condición de que revisemos cómo se define la eficiencia. Superando
concepciones reduccionistas, entendemos que un sistema educativo eficiente es el que brinda la mejor educación
posible a la mayor cantidad de gente en los tiempos previstos. Entender la eficiencia
en este marco permite superar el reduccionismo eficiencista pues integra un criterio
netamente educativo (la definición de qué es mejor
educación) como parámetro para la lectura de la
eficiencia. Así, el juicio de eficiencia no se realiza a partir de criterios de lógica económica, sino a partir de criterios de lógica pedagógica. Un sistema educativo eficiente no será entonces aquel que tenga menos costo por alumno, menos alumnos en la clase, sino aquel que, optimizando los medios de que dispone (independientemente de cuál sea su cantidad), sea capaz de brindar educación de la mejor calidad posible a toda la población.” (Aguerrondo, 2002, pág. 7)
eficiencia. Así, el juicio de eficiencia no se realiza a partir de criterios de lógica económica, sino a partir de criterios de lógica pedagógica. Un sistema educativo eficiente no será entonces aquel que tenga menos costo por alumno, menos alumnos en la clase, sino aquel que, optimizando los medios de que dispone (independientemente de cuál sea su cantidad), sea capaz de brindar educación de la mejor calidad posible a toda la población.”
¿Serán los
grupos dominantes los que dicen que es una buena escuela? ¿Son los que “arman”
el curriculum, los que dicen que se estudia, que es saber, que es “lo bueno”?
¿Quiénes son
los ganadores con el tipo de escuela que tenemos? Las condiciones económicas
influyen en los resultados académicos, junto con los niveles educativos de los
padres, en especial de la madre. Eso lo sabemos bien. El capital cultural de la
familia y del entorno también son factores que predicen el rendimiento escolar.
Entonces ¿Qué peso tiene la escuela? Esto es volver a Coleman. Más bien la
pregunta sería ¿Qué hace la escuela para equilibrar el peso del “afuera”?
La presión que
se siente sobre la escuela y la educación es tan fuerte que a veces da que
pensar. ¿Tiene que cambiar la escuela o el entorno? ¿Cambiando las condiciones
socioeconómicas de los estudiantes no será suficiente? ¿Para qué evaluamos
tanto los aprendizajes si ya sabemos las respuestas?
Una escuela
donde las condiciones del estudiante no obstaculicen el proceso de aprendizaje.
Una escuela donde no haya caracterización de estos. Una escuela donde la única
variable sea la igualdad de inteligencias. Una escuela donde la historia de los
chicos no juegue en contra. Una escuela donde las características de los padres
no condicionen la mirada hacia el estudiante. Una escuela que acepte, que haga
aprender, que promuevas cambios de miradas, que amplíe horizontes.
Es el
desiderátum que quisiera para mi escuela. La salida de la hegemonía. El fin de
la carga emotiva y expectante que aplasta y pesa sobre la educación por un
lado, y por otro el cese de las miradas que se van hacia afuera y esperan que las condiciones
adyacentes cambien y se “aguantan los trapos” hasta tanto.
¿Cómo
emancipar? Es la pregunta que me aparece al final pero que me guía la
reflexión. Una buena pregunta para hacerme todas las mañanas antes de comenzar
las tareas diarias.
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