-Abstract
La idea
principal del presente trabajo es explorar de qué manera las políticas
educativas han ido conformando un tipo de sujeto concebido en términos de actor
social respondiendo a los embates de la época por un lado, a las exigencias económicas,
a las presiones. Pero sobre todo la conformación y postulación del sujeto
educativo ha sido un trabajo cuasi exclusivo de la dimensión política: pensar
al ciudadano/habitante, formar la fuerza de trabajo, concebir un
consumidor/cliente.
Quizá el
efecto de las políticas educativas no haya sido necesariamente el más fuerte
pero ha sido sin dudas un vector importantísimo para lograr las
subjetivaciones, y sobre todo las apropiaciones por parte de los sujetos, de
esas propuestas que emanan de la política y de los gobiernos. Proponer desde el
Estado una determinada configuración de sujeto no soporta solamente tener como
vehículo exclusivo al sistema educativo sino que supone el despliegue de otras
estrategias y herramientas para lograrlo, aunque sin dudas el vector educación
es uno de los más potentes.
Así a lo largo
de las etapas propuestas por la cátedra basadas en la periodización realizada
por Tedesco haremos el seguimiento de estas configuraciones subjetivas que se
vehiculizaron y propusieron a través de las distintas etapas de las politicas
educativas.
1- Educación
y construcción de Estado-Nación
Fundamentalmente
la función de la educación en la construcción del Estado-Nación toma un
carácter netamente político. Esto quiere decir que la función política
predominó sobre la económica a pesar de los esfuerzos por instaurar una
educación profesional y capacitación de recursos humanos.
Esta función
política se tradujo en el esquema de doble vertiente que se configuró en la
misma segmentación del sistema siendo entonces el nivel primario por un lado y
la formación secundaria y universitaria por otros lugares donde se subjetivaron
estas acciones y reacciones de la función política. Así entonces fue el doble
objetivo de generar la cohesión social como de formar a la elite que sería la
clase dirigente, donde el primer objetivo fue cubierto por la escuela primaria
y el segundo por la secundaria y la universidad (Tedesco
J. C., 2012).
Las acciones y
reacciones se dieron en parte por una estructura económica que fue delimitada a
su vez por la misma actividad como a su vez por las características
poblacionales que se dieron en la época. La presencia de personal extranjero
con preparación en su país de origen y las bajas acciones destinadas a la
tecnificación de la producción son muestra de ello. Pero el efecto que provoca
la actividad misma del país en tanto que productor de materias primas para su
exportación y el modelo que se desprende de ello en consonancia con un modelo
que intensificó la acumulación de tierras en manos de algunos latifundistas, en
gran medida subyugó la idea de progreso de las clases medias bajas que no veían
en la educación técnica una salida viable a su situación actual.
Por otro lado
la intencionalidad fue claramente en contra del pragmatismo toda vez que “desarrolló con un criterio pragmático sino
manteniendo las notas más características de la enseñanza tradicional:
enciclopedismo con predominio de las materias humanísticas.” (Tedesco J.
C., 1993, pág. 16)
Este papel eminentemente
político en el primer periodo de nuestra educación se definió también en base a
la necesidad de lograr la estabilidad política luego del escenario que forjara
la salida del gobierno de Rosas. La idea optimista de que la educación cumple
aquello que se propone y predica, propia del positivismo, tenía como contenido
terminar con las adhesiones al caudillo derrocado y consolidar un panorama
estable sin insurgencias. Y aún más allá de este cometido la enseñanza también
resulto portadora de intencionalidad política, más en secundaria y universidad,
al fijar su objetivo en formar a las elites para formar parte de la partida de
futuros dirigentes del país imprimiendo el carácter oligárquico que se daba en
la estructura económica y productiva en el seno de la educación. Y para
alejarse de la clase dedicada a la producción la enseñanza enciclopedista
encontró su lugar de privilegio toda vez que era lo menos interesante para el
productor y lo más eficaz para preparar el ingreso a la universidad o para la
función pública manteniendo esta segregación puesto que “La carrera política y la participación en la vida política de la época
era patrimonio casi exclusivo de un sector de la población nativa. Los
extranjeros, en su gran mayoría, se mantenían marginados de estas actividades.
Muy pocos se naturalizaban y no existían incentivos para que lo hicieran.” (Tedesco J.
C., 1993, pág. 21).
El saldo variado de esta etapa se puede
vislumbrar en el hecho de que se “si bien
el sistema educativo no les permitió a los sectores medio una movilidad social
automática, si les posibilito contar con mejores elementos para potenciar su
demanda por una integración social y política plena” (Filmus, 1996, pág. 20).
Ya en plena
crisis de los 90 esto generaría un nuevo proceso que intentaría mantener las
distinciones de origen cuando las elites entendieran que si la enseñanza era
netamente enciclopedista y no se diferenciara un tipo de enseñanza industrial
todos accederían a ella y se modificarían así los destinos de los cuerpos. En
este sentido los magros logros de la universalización de la educación primaria
se debieron en parte por la resistencia de las elites logrando que “el rasgo más significativo del proceso
de construcción de los Estados nacionales en América Latina fue la
precariedad, definida por su escasa capacidad para incluir al conjunto
de la población en los circuitos de participación social, sea el mercado
de trabajo, la ciudadanía política o la socialización en patrones
culturales comunes.” (Tedesco J. C., Educacion y Justicia Social en America
Latina, 2012, pág. 29)
El actor
social que queda configurado en este periodo es el ciudadano donde el esfuerzo
de todo el aparato político estuvo dirigido a formar un sustrato cultural
homogeneizado y permitir el pasaje de habitante
a ciudadano. Por otro lado la
propuesta de formar a la clase dirigencial y la concepción que esto
representaba una elite ya presenta la idea de segmentación que de alguna manera
prepara lo distinción entre tipos de ciudadanos: el de la elite y el “a pie”.
2- Educación,
Desarrollo y Recursos Humanos
El marco
historiográfico de este periodo se encuentra transversalmente atravesado por el
contexto internacional y la situación de los países centrales en la post guerra
y el proceso de reconstrucción tanto político como económico. En el plano de la
educación en particular las formas de subjetivación que insistieran en la
construcción del sentimiento nacional se ven puestas en jaque con la aparición
de los nacionalismos extremos que generaron resultantes en acciones anti
democráticas.
El viraje de
la intencionalidad educativa de formar el sentimiento nacional a la formación
de valores adscriptos a la paz y libertad tanto como la necesidad de
reconstrucción de los países fomentan la idea de que la política educativa
tenga como objetivo penetrar este contexto y presente batalla en la arena de la
conformación de ciudadanos plurales y de recursos humanos capaces de llevar
adelante el restablecimiento de las economías y la paz. Este contexto es el que
invita a la trilogía educación-crecimiento económico-recursos humanos a cobrar
fuerza tanto en los curricula como
expresión de las políticas educativas como también en la postulación y
producción de teorías que sostienen la correlación, aunque a veces también la
relación causal, entre educación y crecimiento en los ingresos tal como la
teoría del capital humano donde a mayor niveles educativos se observan mejores
niveles de productividad que se traduce en mejores calificaciones para los empleos, por
ende mejores remuneraciones, por ende más crecimiento económico.
La educación
entonces deja de ser entendida como gasto y toma el estatuto de inversión estratégica.
Ahora bien, el hecho de que el contexto fomentara la aparición de estas
posturas también genera ámbitos de intervención desde la política que son
diversos entre sí. Así la configuración que presenta el enfoque de recursos
humanos pide un Estado que planifique y organice a los mismos. Desde la teoría
del capital humano donde se abona la idea de inversión en educación como una
variable económico-financiera la acción se dirige a la regulación de las
fuerzas del mercado en tanto ofertas y demandas a cubrir.
Aquí un nuevo
punto de encuentro/desencuentro entre la función política y la función
económica continúa fungiendo toda vez que “el
proyecto modernizador basado en la promoción del desarrollo económico y social
fue impulsado más por los sectores políticos ilustrados que por los actores
dominantes del aparato productivo” (Tedesco
J. C., 2012, pág. 51)
El contexto
incierto, los procesos de reconstrucción y las búsquedas de cimiento social,
político y económico, fueron un ámbito propicio para la puesta en escena de
otro actor: los organismos internacionales. El tipo de marco institucional que
podían brindar y las posibilidades de formación de personal técnico fueron bien
recibidos por los países de la región generando diversas articulaciones según
el tipo de organismo interviniente ya sea de su procedencia económico
financiera (BM, FMI) como del ámbito del desarrollo social (ONU, UNESCO; CEPAL,
PNUD, etc). Estas racionalidades también tuvieron su impacto en lo educativo ya
que “incorporaron al análisis educativo
todo el soporte teórico de las ciencias sociales y la economía, lo que permitió
superar el enfoque filosófico-pedagógico dominante hasta entontes.” (Tedesco J.
C., 2012, pág. 53)
La figura de
la planificación como elemento que asegura el éxito de las políticas fue
característico de la época siguiendo una especie de patrón donde “sería posible sostener que así como a fines
del siglo XIX el instrumento privilegiado para cambiar la realidad fue la ley,
a mediados del siglo XX fue la planificación”(ibíd. pág. 54)
Aun así la
fuerte demanda de educación no puede ser explicada ni por el afán planificador
ni por las estructuras productivas. Los cambios tecnológicos presentaron
escenarios de mano de obra desocupada y la idea de la correlación entre años de
estudio y salario pronto fue puesta en duda toda vez que dependía más de las
estructuras de producción. La gran expansión del sistema no dejó fuera el
problema de la segmentación en tanto que acceso a misma calidad educativa y
resultados de aprendizaje, todavía atados al origen social. Resulta claro que
la demanda social impulsó la demanda sobre las profecías planificadoras y la
promesa de una actividad productiva que generaría mayores oportunidades.
En tanto crece
el sistema educativo en cobertura también crece el índice de ineficiencia del
mismo vista desde la segmentación y los magros resultados explicitados en altas
tasas de repitencia y sobreedad, circuitos diferenciados de calidad y
crecimiento de la oferta privada. Esto trajo aparejado un efecto masificador de
la profesión docente a tasas más altas que la matricula producto también de una
mayor inversión en educación. El mercado de trabajo femenino encuentra allí un
punto para su crecimiento.
La presión de
la clase media sobre la demanda de educación y las clases bajas comenzando a
dar esa lucha propiciaron en parte la gran expansión del sistema que
posibilitaba por su lado la satisfacción del servicio ofreciendo mayores
ofertas. Si bien los resultados en tanto calidad y equidad no son los deseados,
queda claro que una vez mas la demanda social y la variable política presionan
y ejercen un influjo mayor que las presiones y demandas del sector productivo y
del factor nomológico si bien aquí el instrumento de la ley ha sido morigerado
por el afán planificador. Es ejemplificador de ello la situación de los hijos
de los inmigrantes que rápidamente fueron absorbidos por el sistema educativo y
los impulsó socialmente pero no así con el afán de la clase rural que migró
hacia las urbes atraída por el desarrollo industrial que recién con el
peronismo tendría un ingreso al sistema. Las decisiones políticas y las
demandas sociales generan caminos y vínculos más fuertes que la letra de leyes
y planificaciones. Aún más fuerte que el omnipotente mercado.
Pero aun así
el vector de la economía llevó a pensar al sujeto educativo como el recurso
humano y a la educación como la condición necesaria y cuasi suficiente para
lograr el ascenso social, el progreso y el desarrollo. Es llamativo que tan bien ha calada en la
conciencia de los sujetos que no hay lugar de la provincia de Buenos Aires al
menos que no cuente con un club o almacén o bar que se llame “El Progreso”.
Esta idea de que la fórmula es estudio mas trabajo ha quedado bien instalada en
algunos sectores.
3- Educación
mercado y ciudadanía
Las renovadas
expectativas e ilusiones que dio a lugar la vuelta de la democracia en nuestro
país en tanto que volver a pensar las instituciones y la instauración de un
orden nuevo de cosas pronto se vio frustrada en el ámbito educativo con el
deterioro la educación pública y el enfrentamiento de los sectores docentes con
el gobierno producto de la situación económica de estos. La deslegitimación de
los servicios públicos en la órbita estatal fue acompañado por la sociedad que
miró con buenos ojos el avance neoliberal y las ansias de privatización
reguladas por las lógicas del mercado. No sin ambigüedades y críticas desde los
distintos flancos políticos puesto que se tildaba de neoliberales a las
reformas pero también de estatistas desde el arco contrario.
Surgen en este
contexto nuevos actores sociales. Donde teníamos al gobierno, docentes y la
Iglesia ahora se ve ampliado el escenario y la arena política se juega en
territorios de los medios de comunicación y periodismo, gremios, empresarios y
nuevamente los organismos internacionales de financiamiento. Sin embargo esta
ampliación de actores no significó un cambio en las decisiones del proceso
educativo y “la participación efectiva
quedó en las mismas manos tradicionales: los docentes, el gobierno y,
eventualmente, la Iglesia. La participación de los empresarios, de los
representantes de los trabajadores en general o de la población en condiciones
de pobreza no gravitó significativamente en las decisiones educativas del
periodo” (Tedesco J. C., 2012, pág. 99)
Es
característica de la época la descentralización del sistema educativo en aras
de una mayor eficiencia del gasto y la reducción del mismo. La transferencia de
las escuelas a las provincias no significó un pasaje en paz y sin confusiones
donde el Estado vio necesaria la resignificación de su función de administrador
central en tanto “finar objetivos,
evaluar los resultados y compensar diferencias y desigualdades” (ídem pág. 101)
Producto de la
lógica de mercado que se apropió también de la educación, la fragmentación y
polarización social fueron un buen caldo de cultivo para la implementación de
evaluaciones nacionales e internacionales que fungieron en parte como sistemas
de diferenciación y competitividad dentro de las lógicas de eficiencia y
calidad. Sin embargo otras vez las expectativas se dieron de bruces con los
magros logros de la utilización de los resultados obtenidos en las mediciones.
La promesa de la equidad nuevamente no solo no fue alcanzada sino que se
acrecentaron las diferencias y dejó en claro la multicausalidad del fenómeno:
“La experiencia de la década de 1990 permite
sostener que el objetivo de lograr mayor equidad social a través de la
educación no depende solo de cambios en al oferta pedagógica, La equidad es un
fenómeno sistémico y, por lo tanto, sin modificaciones sustanciales en los
patrones de distribución del ingreso será imposible avanzar en los logros
educativos que permitan a la población tener acceso a niveles de educación
adecuados para su incorporación productiva a la sociedad” (Tedesco J.
C., 2012, pág. 105)
El mercado y
su lógica compusieron un tipo de actor social que se vio inundado de ello y se
sintió un claro consumidor/cliente de servicios. Así se exige ciertos
estándares de eficiencia y eficacia, que solo lo pueden manifestar los
resultados de las evaluaciones, para evaluar los circuitos de calidad
diferenciada y en consecuencia comparar el poder de adquisición propio para
calcular el acceso. Es decir que el habitante
del sistema educativo se corresponde con el segmento de cliente que puede acceder a un tipo u otro de “calidad educativa”:
“Mientras
se condena el carácter injusto de la segmentación del sistema escolar general,
individualmente se tiende a evitar cualquier medida que promueva una distribución
más equitativa de la matrícula y dificulte la decisión de colocar a los hijos
en establecimientos donde solo concurran sus “iguales”.” (Tedesco J. C., 2014, pág. 7)
4- El presente/futuro
Claramente el
desafío queda del lado de la equidad y aquello que Tedesco denomina las condiciones de educabilidad a fin de “superar el determinismo social de los
resultados de aprendizaje.” (Tedesco C. J., 2010, pág. 25)
resultados de aprendizaje.” (Tedesco C. J., 2010, pág. 25)
Una parte de
este trayecto sin dudas será una política educativa acompañada por políticas de
justicia social que abreve en sistemas distributivos de la riqueza. No hay
todavía sistemas educativos que hayan mejorado sin que las condiciones
asociadas lo hicieran antes.
Esto lleva
necesariamente a un tipo de educación que permita posicionar de manera
consciente y voluntaria el destino de los cuerpos arrancándolo del simple
determinismo del origen. La justicia social como horizonte de expectativa
quizás no tenga como consecuencia inmediata una educación equitativa, eficiente
y efectiva pero es más probable que lo logre.
Cabe también
el intento por buscar las consecuencias de cambiar las viejas discusiones
proponiendo argumentos encontrados de manera distinta a los ya realizados.
Salir del entorno del “eterno retorno de lo mismo” de Nietzsche. Una forma es
plantear que no es posible una educación que se justa y equitativa si las
condiciones externas no lo son, i.e, desarmar el optimismo pedagógico y
desencantar a la educación atribuyendo las disparidades e inequidades al ámbito
que las genera. Se encuentran voces como estas, claro está, pero en el clima es
aun tibio. Por eso es la voz en cuello de los educadores que denuncie que la
Justicia Social es condición previa y no consecuencia la que tiene que retumbar
para no generar circuitos diferenciados de calidad:
“La
evidencia disponible muestra que tanto el acceso a una educación de calidad
como el rendimiento de los niños se asocia fuertemente con el origen social de
las familias y sus oportunidades de escolarización y desempeño varían según el
lugar de residencia (urbano/rurales); el tipo de establecimiento al que se
asiste (público/privado); nivel de escolaridad de los padres; diferenciales de
ingreso según niveles educativos alcanzados y participación laboral, entre
otros. Gran parte de los problemas de bajo rendimiento, atraso y deserción
temprana, tanto como el de la segmentación del sistema educativo, son reflejo de
lo anterior.” (Gajardo, 2012, pág. 11)
Pero por otro
lado también resta que el sistema haga un profundo examen de conciencia hacia
las prácticas que se llevan adelante. Hay muchos casos de segregación que
provienen de respuestas de docentes, de prácticas institucionales, de tratos y
des-tratos dentro de las escuelas, de desidias e indiferencias. Porque como es
cierto que se da una reproducción de las condiciones exteriores no es menos
cierto que ad intra también hay
circuitos de discriminación. Y por supuesto que esto es salir del escepticismo
que propone Tedesco toda vez que es necesario comprender que los docentes son
parte de la solución, no del problema. Que son los únicos que pueden superar el
determinismo de los cuerpos de sus estudiantes al menos durante una hora de
clase. Que las instituciones son el lugar propicio para aclamar que la igualdad
es la condición necesaria de partida, no de llegada.
“revisar
políticas y reformas, así como redireccionar según lo señale la experiencia,
puede ser un buen camino para alcanzar metas acordadas hace casi dos décadas y
lograr, finalmente, reducir las brechas de equidad y mejorar la calidad, deudas
que seguimos sin pagar en América Latina aun cuando los plazos están a punto de
vencerse.” (Gajardo, 2012, pág. 19)
Bibliografía
Filmus, D. (1996). Estado,
sociedad y educación en Argentina: una aproximacin historica. Buenos Aires:
Troquel.
Gajardo, M. (2012). La
educacion tras dos decadas de cambio. Santiago: Preal.
Tedesco, C. J. (2010). Educacion
y Justicia: el sentido de la educacion. Buenos Aires: Santillana.
Tedesco, J. C. (1993). Educacion
y Sociedad en la Argentina (1880-1945). Buenos Aires: Solar.
Tedesco, J. C. (2012). Educacion
y Justicia Social en America Latina. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Economica; Universidad de San Martin.
Tedesco, J. C. (2014). Educacion
y desigualdad en America Latina y el Caribe. Santiago: UNESCO.
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