domingo, 10 de junio de 2018


Sacáte la gorra!!!


Reza la canción de Silvio Rodriguez:
“allá Dios ¿Qué será divino? Yo me muero como viví”.
El necio es el título. Sigue:
“Dirán que paso de moda la locura, dirán que la gente es mala y no merece, yo partiré soñando travesuras, acaso multiplicar panes y peces”
Un día lo vi a Foucault. Me mandan un estudiante a mi oficina del colegio. El pibe golpea la puerta, entra, me mira y se sienta en la silla. Como no hay escritorio sino una mesa redonda (en verdad ovalada) se sienta al lado mío. Me imaginé que lo habían retado y que llegando al punto donde no sabían que hacer lo habían mandado ahí. Siempre me pregunto lo mismo: ¿qué esperaran que haga?
El pibe se sentó y no dijo una sola palabra. Tenía puesta una gorra enorme.
-          ¿Qué pasó? – le pregunté
-          La profe me dijo que me sacara la gorra.
-          Y vos no quisiste…
-          No. Me mandaron a dirección y de ahí para acá.
-          Y en dirección tampoco te la quisiste sacar.
Le convidé un mate que lo tomó por compromiso. Le di unos papeles para que se los lleve al administrador y le pedí que me trajera un sello. Otro mate y otro mandado.
-          ¿Querés usar la computadora? – le pregunté.
-          ¿No quiere que me saque la gorra usted? – me devolvió.
-          No – le dije mientras me levantaba para irme.
Salí para ver que hacía solo y al rato volví. Estaba escribiendo en la computadora sin la gorra.
-          ¿Qué haces sin la gorra? – quise saber
-          Me jode para escribir en la compu.
Llamé a la directora.
-          Ah! Acá te sacas la gorra!? – fue su reacción al verlo.
El pibe la miró casi espantado. Como excusa le hice firmar unos papeles y le dije que luego hablábamos. Cuando salió el chico empieza a contarme que siempre usa la gorra, que no es una falta de respeto hacia el otro sino un hábito que no entiende por qué es tomado como malo y agresivo.
Volvió Frigerio. “¿Qué se ve cuando, al mirar a un niño, se lo piensa como «un niño no como los niños»? ¿Quién ofrece la óptica?”
Era el puro acto de querer normalizar los cuerpos. El puro acto de “acá hay una autoridad y se respeta”. Control y poder.
El resto fue silencio. El pibe se fue cuando sonó el timbre del recreo.
-          ¿Me puedo poner la gorra? – me preguntó
Le contesté con un levantamiento de hombros. Era preferible a contestarle un “qué se yo”. El  también levantó los hombros y se la puso.
Levanté el teléfono y llamé a la directora. Entonces inyecté la misma pócima.
-          Es la última vez que le dicen a alguien que se saque la gorra – dije con tono grave.
Ni preguntó por qué. Yo me quedé de nuevo solo y cuando agarro la computadora veo que estaba abierta una página de google docs. El pibe estaba haciendo un TP de Química. El peligro de la gorra en el aula lo había dejado impedido de hacerlo allí.
Las resistencias son llamativas. Son esa porción del resto que queda el “arte de no ser tan gobernados”.
Le convidé un mate a Foucault que reía a carcajadas y seguí.






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