domingo, 10 de junio de 2018


Mi propio Chala. A propósito de la película cubana “Conducta”

No hay algo que quisiera cambiar. Hay algo que quisiera desterrar. Es “esa” cosa que creo que cambiaría las perspectivas y sería dar en el punto justo. Necesito graficarlo con un ejemplo que me puso a pensar esto de Tyler:
“Puesto que el propósito real de la educación no es que el instructor realice ciertas tareas, sino promover cambios significativos en las pautas de conducta del estudiante, es importante reconocer que todo enunciado de objetivos estará relacionado con los cambios que experimenta el alumno” (Tyler, 1973, pág. 47)
Una niña de 5to grado fue víctima de grooming hace un mes atrás. El padre con los recursos que tuvo a mano estaba entre furioso, dolido, aturdido, temeroso. Todo junto. Comenzó por donde pudo y fue por el colegio creyendo o queriendo creer que el instigador depravado estaba allí. Por supuesto estuvimos en vilo todo ese tiempo.  Un mes después se descubre que no era de la escuela y la niña continúa viniendo a clase normalmente.
La reacción en el colegio fue no renovarle la matrícula para el año que viene dado que la familia había claramente perdido la confianza en la institución y se veían ánimos de entablar acciones judiciales. Se le envía una CD diciéndole que no se le renueva la vacante y se los cita para explicarles la decisión. Yo firmé esa carta. Y les dije que no tenían vacante.
 “Todos los años tengo un Chala en el aula. Ninguno pudo más que yo, porque en el fondo, todos son muchachos. Hay cuatro cosas que hacen a un niño: la casa, la escuela, el rigor y el afecto. Pero cuando cruzan esa puerta, está la calle. Y un maestro necesita saber lo que les espera allá afuera. Antes para mí la vida era más clara, y yo sabía para lo que preparaba a un alumno… pero ahora, lo único que tengo claro, es para lo que no debo prepararlo.” (Carmela)
Donde se posa la mirada. Dice Graciela ¿Quién ofrece la óptica? Es el intento del paso del “Sujeto educativo” al pibe que está ahí.
Por un tiempo me convenció el argumento de “esta piba nos va a traer un montón de problemas” o  “ la familia perdió la confianza”. Cuando vi a la chica que mide un metro y medio y es una niña no pude ver ningún problema por más que me esforzaba. Después intente encontrar un “confianzometro familiar”. Menos todavía.
Carmela hacia lo de Foucault y se daba cuenta de que  No se trata de liberar la verdad de todo sistema de poder — esto sería una quimera, ya que la verdad es ella misma poder— sino de separar el poder de la verdad de las formas de hegemonía (sociales, económicas, culturales) en el interior de las cuales funciona por el momento.” (Michel, 1980, pág. 189)
Chala y Yenni no eran “casos” que había que tratar. No eran “situaciones” que requieren aplicación de medidas estándar y comunes. Salir de la hegemonía, de dar por supuesto el orden establecido. De hacer lo que se hace porque así se hace.
¿Qué hace para romper con el orden impuesto? Enfrenta. Pero asume. Enfrenta a la Supervisora, al supuesto padre de Chala, a la policía. Pero asume que no puede contra todo. Y asume que hay un “otro” que toma o deja lo que se le da. Pero nunca deja de hacer sino que dice “El día que yo no decida lo que pasa en mi clase... hasta ese día soy maestra.”
Y vio a unos chicos. No vio nunca a una inmigrante o a un problema de conducta. Chicos que se pelean pero que se salvan si se están por ahogar. Que se pelean pero que después dan besos.
“Lo que pasa es que estás pensando en cómo quedan ustedes… y yo pienso en cómo queda el muchacho” (Carmela)
Es la manera de ver que “Las dinámicas de poder estigmatización
entre los grupos escolares, cuyos mecanismos pretendemos descifrar y
comprender en nuestros procesos de investigación, pueden contribuir a través
de los modos naturalizados de nominación a procesos de inferiorización social
que se expresan en adjetivaciones de auto-humillación escolar.” (Karina & Di Napoli, 2017)
Esa cosa es el poder ver “como queda el muchacho”. Que no es enseñar, es que aprenda. Que no es resguardar instituciones sino no dejar pibes otra vez fuera. De ahí vale preguntarse que se enseña, como, para qué.
El niño que le dice a su mamá que pague la luz, que le tira la bebida y se enoja con ella. El mismo niño que la abraza porque la quiere y necesita. El mismo que se entrega por su maestra.  El que se pelea con otros chicos, que enfrenta su supuesto padre que lo dobla en tamaño. El mismo que sabe que es como “Colmillo Blanco”.
¿Qué se hace? ¿Cómo se hace? ¿Cuándo decimos que hay un niño? ¿Qué se ve cuando, al mirar a un niño, se lo piensa como «un niño no como los niños»? (Frigerio, 2008)
Que las palabras suenen. Nunca escribí una CD tan larga como la que envié a la familia diciéndole que tiene matrícula para el año que viene porque entre grandes nada tienen que ver los niños. Me hubiese gustado que sonaran las palabras.
Desterrar la mirada hegemónica de la estructura y virar hacia un espacio donde  los
docentes y la escuela deben salir al encuentro de los estudiantes para reconquistar su subjetividad. La investigación señala que la efectividad de dicha tarea será mayor si se cuenta con escuelas y sujetos capaces de establecer vínculos emocionalmente positivos y significativos para los estudiantes y docentes.” (Gomez Caride, 2016)
Romper con el destino de los cuerpos. Si lo que enseñamos no es para eso, si lo que queremos que aprendan no les dice nada o no los ayuda a romper con la circularidad de su “destino”, entonces tenemos que salir de esa lógica reproductiva. Entonces hay que tomar los curricula y dejarlos a un costado hasta que veamos que ahí hay un niño y una niña.
“Puesto que el propósito real de la educación no es que el instructor realice ciertas tareas, sino promover cambios significativos en las pautas de conducta del estudiante, es importante reconocer que todo enunciado de objetivos estará relacionado con los cambios que experimenta el alumno”

Bibliografía

Frigerio, G. (2008). La division de las infancias. Buenos Aires: Del Estante.
Gomez Caride, E. (2016). ¿Buenos Profesores? Pensamiento Educativo, 10.
Karina, K., & Di Napoli, P. (2017). Tipificaciones juvenilessobre la violencia en el escenario escolar. Ultima decada, 180.
Michel, F. (1980). Microfisica del poder. Madrid: de la Piqueta.
Tyler, R. (1973). Principios basicos del curriculo. Buenos Aires: Torquel.














Preguntas

Me queda resonando una pregunta: ¿Qué hay detrás de lo que enseñamos? Hasta detrás del curriculum oculto ¿Qué fuerzas operan?
¿Por qué se enseña lo que se enseña? ¿Por qué los cambios que se proponen en los curricula y en el sistema?
La llamada crisis de la educación termina afectando de manera más fuerte a los más desfavorecidos, esto es, a los más pobres. Cabe la duda de si es una correlación intencional o no. Cabe preguntarse si es la parte no pensada o si en verdad es producto de un sistema bien armado a propósito de ello.
Cuando hablamos de calidad educativa, término tan opaco, ¿Qué es lo que decimos? Esto se pregunta Aguerrondo y lo responde con claridad meridiana
 “No obstante, y marcando las diferencias, creemos que es posible acercar posiciones. Podemos coincidir en que un sistema educativo de calidad es aquel que es eficiente, a condición de que revisemos cómo se define la eficiencia. Superando concepciones reduccionistas, entendemos que un sistema educativo eficiente es el que brinda la mejor educación posible a la mayor cantidad de gente en los tiempos previstos. Entender la eficiencia en este marco permite superar el reduccionismo eficiencista pues integra un criterio netamente educativo (la definición de qué es mejor educación) como parámetro para la lectura de la
eficiencia. Así, el juicio de eficiencia no se realiza a partir de criterios de lógica económica, sino a partir de criterios de lógica pedagógica. Un sistema educativo eficiente no será entonces aquel que tenga menos costo por alumno, menos alumnos en la clase, sino aquel que, optimizando los medios de que dispone (independientemente de cuál sea su cantidad), sea capaz de brindar educación de la mejor calidad posible a toda la población.
 (Aguerrondo, 2002, pág. 7)
¿Serán los grupos dominantes los que dicen que es una buena escuela? ¿Son los que “arman” el curriculum, los que dicen que se estudia, que es saber, que es “lo bueno”?
¿Quiénes son los ganadores con el tipo de escuela que tenemos? Las condiciones económicas influyen en los resultados académicos, junto con los niveles educativos de los padres, en especial de la madre. Eso lo sabemos bien. El capital cultural de la familia y del entorno también son factores que predicen el rendimiento escolar. Entonces ¿Qué peso tiene la escuela? Esto es volver a Coleman. Más bien la pregunta sería ¿Qué hace la escuela para equilibrar el peso del “afuera”?
La presión que se siente sobre la escuela y la educación es tan fuerte que a veces da que pensar. ¿Tiene que cambiar la escuela o el entorno? ¿Cambiando las condiciones socioeconómicas de los estudiantes no será suficiente? ¿Para qué evaluamos tanto los aprendizajes si ya sabemos las respuestas?
Una escuela donde las condiciones del estudiante no obstaculicen el proceso de aprendizaje. Una escuela donde no haya caracterización de estos. Una escuela donde la única variable sea la igualdad de inteligencias. Una escuela donde la historia de los chicos no juegue en contra. Una escuela donde las características de los padres no condicionen la mirada hacia el estudiante. Una escuela que acepte, que haga aprender, que promuevas cambios de miradas, que amplíe horizontes. 
Es el desiderátum que quisiera para mi escuela. La salida de la hegemonía. El fin de la carga emotiva y expectante que aplasta y pesa sobre la educación por un lado, y por otro el cese de las miradas que se van hacia  afuera y esperan que las condiciones adyacentes cambien y se “aguantan los trapos” hasta tanto. 
¿Cómo emancipar? Es la pregunta que me aparece al final pero que me guía la reflexión. Una buena pregunta para hacerme todas las mañanas antes de comenzar las tareas diarias.



Sacáte la gorra!!!


Reza la canción de Silvio Rodriguez:
“allá Dios ¿Qué será divino? Yo me muero como viví”.
El necio es el título. Sigue:
“Dirán que paso de moda la locura, dirán que la gente es mala y no merece, yo partiré soñando travesuras, acaso multiplicar panes y peces”
Un día lo vi a Foucault. Me mandan un estudiante a mi oficina del colegio. El pibe golpea la puerta, entra, me mira y se sienta en la silla. Como no hay escritorio sino una mesa redonda (en verdad ovalada) se sienta al lado mío. Me imaginé que lo habían retado y que llegando al punto donde no sabían que hacer lo habían mandado ahí. Siempre me pregunto lo mismo: ¿qué esperaran que haga?
El pibe se sentó y no dijo una sola palabra. Tenía puesta una gorra enorme.
-          ¿Qué pasó? – le pregunté
-          La profe me dijo que me sacara la gorra.
-          Y vos no quisiste…
-          No. Me mandaron a dirección y de ahí para acá.
-          Y en dirección tampoco te la quisiste sacar.
Le convidé un mate que lo tomó por compromiso. Le di unos papeles para que se los lleve al administrador y le pedí que me trajera un sello. Otro mate y otro mandado.
-          ¿Querés usar la computadora? – le pregunté.
-          ¿No quiere que me saque la gorra usted? – me devolvió.
-          No – le dije mientras me levantaba para irme.
Salí para ver que hacía solo y al rato volví. Estaba escribiendo en la computadora sin la gorra.
-          ¿Qué haces sin la gorra? – quise saber
-          Me jode para escribir en la compu.
Llamé a la directora.
-          Ah! Acá te sacas la gorra!? – fue su reacción al verlo.
El pibe la miró casi espantado. Como excusa le hice firmar unos papeles y le dije que luego hablábamos. Cuando salió el chico empieza a contarme que siempre usa la gorra, que no es una falta de respeto hacia el otro sino un hábito que no entiende por qué es tomado como malo y agresivo.
Volvió Frigerio. “¿Qué se ve cuando, al mirar a un niño, se lo piensa como «un niño no como los niños»? ¿Quién ofrece la óptica?”
Era el puro acto de querer normalizar los cuerpos. El puro acto de “acá hay una autoridad y se respeta”. Control y poder.
El resto fue silencio. El pibe se fue cuando sonó el timbre del recreo.
-          ¿Me puedo poner la gorra? – me preguntó
Le contesté con un levantamiento de hombros. Era preferible a contestarle un “qué se yo”. El  también levantó los hombros y se la puso.
Levanté el teléfono y llamé a la directora. Entonces inyecté la misma pócima.
-          Es la última vez que le dicen a alguien que se saque la gorra – dije con tono grave.
Ni preguntó por qué. Yo me quedé de nuevo solo y cuando agarro la computadora veo que estaba abierta una página de google docs. El pibe estaba haciendo un TP de Química. El peligro de la gorra en el aula lo había dejado impedido de hacerlo allí.
Las resistencias son llamativas. Son esa porción del resto que queda el “arte de no ser tan gobernados”.
Le convidé un mate a Foucault que reía a carcajadas y seguí.







Sensaciones de Un formato caduco

Lo que escucho, lo olvido.
Lo que veo, lo recuerdo,
Lo que hago, lo comprendo.(Confucio)

De leer siempre más de lo mismo pasé a tratar de pensar en esta pregunta: ¿Desde cuándo no cambia la manera de dar clases? La influencia de la revolución industrial en el formato de la escuela ha sido tan grande que ha penetrado cada una de sus áreas: desde la necesidad de incorporación de contenidos mínimos estandarizados hasta la homogeneización de pedagogías y criterios de abordaje.
En la perspectiva de la época indudablemente que ha sido una necesidad bien cubierta, necesidad que hoy no existe más. En un contexto de constante cambio, de ubicuidad de la información y contenidos, de la transferencia de roles de los docentes, del acentuado cambio en los tipos de trabajo, este formato “Escuela” ha quedado obsoleto y no tiene razón de ser. Pero insisto en esto: “está obsoleto” no quiere decir que no tenga que existir, sino que no tiene que existir más como es hasta ahora.
Pienso por unos minutos simplemente en la carga valorativa que se desprende de las prácticas docentes, tarea que por otro lado se encuentra en crisis no solo de formación sino de ejecución. Implantamos valores como la disciplina, el autocontrol, el sacrificio, imponemos castigos (aunque al menos ya no son físicos…) como también impulsamos los refuerzos positivos, premios al mérito, etc. Todas acciones que contribuyen a la desaparición de la creatividad en nuestros chicos y a la imposibilidad de descubrir sus virtudes, habilidades e inteligencias propias. ¿Y el estudiante? “El problema de seleccionar experiencias de aprendizaje consiste en determinar los tipos de experiencias que cuenten con mayores probabilidades de fructificar en objetivos educacionales dados, así como también de establecer situaciones que susciten o promuevan en los estudiantes los tipos de experiencias de aprendizaje que se desean.” (Tyler, 1973, pág. 67)
“Puesto que el propósito real de la educación no es que el instructor realice ciertas tareas, sino promover cambios significativos en las pautas de conducta del estudiante, es importante reconocer que todo enunciado de objetivos estará relacionado con los cambios que experimenta el alumno” (Tyler, 1973, pág. 47)
Y ya hace 20 años Gardner insiste en las Inteligencias Múltiples, tema que de alguna manera había adelantado Zubiri en Inteligencia Sentiente, y nuestros colegios siguen como si nada se hubiera dicho. Y sin ir a un territorio tan profundo como este que es solo un ejemplo entre otros tantos, pensar en cuantas cosas nos hizo cambiar internet. ¿Y a la educación? Todavía generan miradas desconfiadas los pocos intentos de aplicación en instituciones educativas estos modelos y maneras de entender y practicar la educación.
“La escuela fue, sin duda, uno de los actos de mayor imaginación que enfrentó la modernidad. En el siglo XVI, soñar con una institución donde concurrieran todos los infantes a aprender ciertos saberes complejos, con sujetos preparados para tal fin, desafió todo lo preestablecido y amplió enormemente las fronteras de la época. En el siglo XIX, este producto de la imaginación cobró cuerpo, y en el siglo XX devino aburrimiento y cotidianidad” (Pineau, 1999)
Lo tremendo de esta verdad es que desde el siglo XIX, siendo un tanto generosos, este formato no cambia ni se adapta a su época, curiosamente como nunca había sucedido en la historia: siempre la escuela se reinventó y encontró maneras de desafiar y romper con los parámetros culturales de época para empujar el horizonte de comprensión de todos los que allí concurrían. Y siempre estaba dispuesta a formar las subjetividades necesarias para que actuaran en un mundo que los necesitaba formados para actuar en él. Hasta el siglo XIX. Allí se quedó sin nafta…
La máquina de tiempo completo, siempre repetitiva, constante, monótona. La línea de producción que necesita un temperamento muy especial y particular para sostener el trabajo continuo. Los espíritus deben ser templados para que el autocontrol le gane al poco dejo de ambiciones y a la resaca de sueños de otra cosa. Repetición, siempre y todos los mismos saberes, mismos métodos. Verdades inamovibles e indiscutibles. Los valores, aparte del autocontrol, como el trabajo trabajoso, paciencia infinita, resignación, recompensa al mérito de acatar el orden establecido. Palos de un lado y zanahorias del otro.
Esto sustentado con una visión muy característica de la ciencia como verdad absoluta, con sus métodos infalibles propios y su deducibilidad infalible. La impronta epistemológica desde Bacon, Hume, Comte, Mach ha sido la marca que guía la definición de saber científico dejando por fuera de sí a todo otro tipo de saber que no tuviera las características de ser un dato puro y duro. Hasta las necesidades humanas quedan en un sustrato más bajo que las verdades científicas y el desarrollo técnico científico que, claro está, lo proporcionara la ciencia con su método. Y para esto el sujeto que lleve adelante este tipo de desarrollo debe ser el científico que solo cree lo que el objeto le dice sin pretender que el mismo pone algo de sí mismo en la observación.
Así que entonces nos encontramos con que el ideal de ciencia, sujeto y ciudadano coinciden: máquinas de tiempo completo que funcionan sobre la base de verdades absolutas cuyas subjetividades no tienen mayor relevancia. Luego muchos se preguntan cómo es que aparece un loco argumentador llamado Karl que critica extrapolando y propone imposibles…
Al aula llegó esto. Y es lo sorprendente: hubo una época donde al aula llegaban las ideas. Hubo una época donde se tomaba registro de lo que sucedía en el campo de las ideas, donde había flujo de informaciones sobre los desarrollos de la ciencia, donde de despertaban los intereses en pos de los descubrimientos acerca del comportamiento humano y de su vinculación con los procesos de aprendizaje. En el siglo XIX se sabía  que el planeamiento del currículo es un proceso constante y que, a medida que se elaboran materiales y procedimientos, se
los debe ensayar, evaluar los resultados, identificar los errores e indicar las posibles mejoras.” (Tyler, 1973, pág. 125)
. Entonces de la lectura me surge esta resolución: tengo que cambiar mi manera de dar clases.

miércoles, 27 de julio de 2016

Que valores trasmitimos



El supuesto de la Educación: construcción desde los valores educativos

“la mayor riqueza de un país no son los recursos naturales ni financieros,
el principal recurso es el cerebro de los ciudadanos”
(Facundo Manes)

La pregunta mas interesante, y que nos quita un tanto de la pereza que induce el título de la ponencia, entiendo que es: ¿Qué tipo de subjetividad[1] conforma la educación actual? A partir de la respuesta que podamos “bordear”, entendiendo que es muy difícil dar en el blanco y dejar exhausto el tema, podremos ir vislumbrando una arista del problema del Desarrollo Humano que es justamente que aquello que llamamos Desarrollo tenga un componente Humano y de que manera se puede iniciar un trayecto para que esto sea posible desde la formación o educación formal.
La construcción de una teoría del desarrollo para que encuadre dentro de las perspectivas que la abordamos, esto es, para que sea humano, debe dar cuenta de la contribución a la construcción de libertades humanas. Estas libertades humanas no son ni mas ni menos de aquello que damos a llamar, a veces con tanta soltura, como subjetividades libres. Si logramos sacar el concepto de los libros de educación o pedagogía entendemos que esto se trata de la conformación de subjetividades sociales que ven ampliadas sus libertades, ampliación que significa tener mas opciones. Opciones que son de todo tipo: materiales e intelectuales. Es así que para ello debe haber una profunda interacción entre las políticas del sistema y la libre determinación de los individuos y su realización por las políticas públicas.
El concepto de desarrollo ha tenido una suerte de movimiento pendular generando una gama amplia de efectos de sentido donde se lo ha postulado como estandarte para sostener principios económicos, políticos, sociales, etc. Así es que se ha vinculado el término desarrollo a conceptos tales como procedimientos/procesos, eficacia/eficiencia, sustentabilidad/sostenibilidad, ciencia/tecnología, etc. Lo cual en muchos aspectos es acertado y hasta necesario, mas no suficiente para agotar el tema o centrarlo en alguna de estas y otras perspectivas, sino que son lados convergentes de este “poliedro” de significados y connotaciones que es el desarrollo.  
Un aspecto que es fundante y que debe ser uno de los puntos de partida para la reflexión sobre la Economía Humana, abarcando así a todas las disciplinas que convergen en la expresión, es el de una educación que contribuya para el desarrollo humano. 
Los niños ingresan en nuestros jardines de infantes, hacen la escuela primaria y la secundaria para luego estudiar o trabajar o hacer las dos cosas a la vez. Y siempre el nivel inferior es preparatorio para el nivel superior. En el Jardín juegan para introducirlos en el mundo del orden y las reglas; en Primaria comienzan a obtener rutinas para poder desarrollar el pensamiento mas abstracto que luego les será requerido en Secundaria, donde finalmente tendrán que aprender Derivadas e Integrales para el ingreso a la Facultad donde serán puestos a prueba una y otra vez para ser adiestrados en el difícil arte del autocontrol y la disciplina de manera tal de estar preparados, una vez graduados, para el mundo hostil y salvaje del trabajo. Entonces de la Facultad egresa una especie de gladiador corporativo.
Si desandamos un tanto este camino, y sin la caricatura del relato, nos encontramos con que a lo largo del trayecto formativo de los estudiantes vamos inculcando una serie de valores que luego atentan contra la construcción de cualquier cosa que queramos calificar como humana. Y esto es llamativo porque escuchamos por todos lados que hay que educar en valores, y será esto lo que nos saque adelante y vuelva a construir una sociedad mas justa, responsable y dedicada al trabajo y a la dignidad de las personas. Discurso que arranca bastantes aplausos en las escuelas.
Lo curioso es que el sistema de valores que se inculca no son los adecuados para hacer mas humano algo, aun cuando se los postula como los necesarios para generar eso que se llama “calidad educativa”, siendo una de las grandes incógnitas del sistema educativo: contenidos, sistemas, pedagogías, niveles de intervención, valores, competencias, regímenes académicos, evaluaciones, notas. ¿Qué de todo esto define la calidad en educación?
Según Zilberstein (2000) “la calidad responde a un momento histórico concreto, en un proceso social, político, económico dado y se corresponde con la cultura acumulada de un pais”.
Desde el encuadre filosófico podemos ir vislumbrando que la conformación de la subjetividad en la educación se da en base a la trasmisión de ciertos valores tácitamente inscriptos en las prácticas, probablemente en muchas ocasiones sin que estos sean manifiestamente deliberados, consensuados y/o pensados. En este sentido es que resulta necesaria la reflexión sobre el sistema axiológico educativo: ¿Para quién? ¿Por qué? ¿Para qué? Puesto que “toda pedagogía es, previamente, ciencia profunda del hombre” (Mantovani, 1983: 25). De allí que para comenzar el acto educativo lo primero a tener en claro es que tipo de hombre tengo frente y quiero formar. Cosa que en educación no está siempre claro: Cuando una educación adolece de firmes convicciones acerca de la idea de ser humano, corre el riesgo, como lo hecho hasta ahora por la educación occidental contemporánea, de refugiarse en los falsos brillos de la innovación metodológica, avanzando con creces en la técnica y el dato estadístico, pero abandonando al ser humano a su suerte, pero lo podemos vislumbrar en la carga de valores que se transmite a diario en las aulas.” (Gabriel Cimaomo, ¿Para qué filosofía de la educación?)
El sistema de valores que se asume dentro del aula nos deja entrever por método reductivo al menos que tipo de subjetividad es el de la educación. Repasemos algunos de ellos.
El reconocimiento al mérito: en algunos casos donde se reconoce solo los casos de éxito y en otros simplemente es un “no llegaste pero te premio el esfuerzo”, en definitiva es perpetuar el sistema;
El elogio al autocontrol: siendo la mejor manera de hacer perder la motivación interior a la realización de la tarea;
Los refuerzos positivos: como una práctica encubierta de mostrar que el estudiante debe hacer y querer lo que nos parece a nosotros que está bien y no lo que él pueda crear;
La recompensa al sacrificio: en desmedro de poder desarrollar las áreas donde mejor se siente, donde mejor piensa y se desenvuelve;
Desarrollo de competencias: sin demasiadas evaluaciones de que competencias, para que, orientadas a donde, haciendo de guía forzosa para decisiones futuras.

¿Qué es lo que generan estos tipos de mecanismos para inculcar “valores”? Una subjetividad que sabe que se tiene que comportar de una determinada manera y que tiene que tener una conducta estoica si en algún momento siente que se está desviando de lo esperado para él.
Esto sirve simplemente para graficar algunos aspectos que tiñen nuestra educación y que moldean un tipo de subjetividad que  no es necesariamente la que logre hacer humana alguna disciplina y mucho menos la economía: bastaría con repasar los contenidos de las materias que en Secundaria les impartimos y sus metodologías y hacer una mirada crítica sobre las orientaciones que sustentan los programas en las Universidades de Económicas. El famoso Homo Aeconomicus es reforzado allí y constantemente puesto de relieve desde una perspectiva mecanicista y materialista en muchos casos acérrima. Pero elevando la puntería para no atacar solo los síntomas y volviendo a nuestro punto central veamos cómo estos valores que se inculcan en las prácticas de todo el sistema educativo pueden ser subvertidos en pos de la generación de subjetividades que sean capaces de crear valores nuevos y tengan el espíritu necesario para “jugar” y destruir-construir encuadres humanos, mas humanos (Nietzsche).
Si pudiéramos abordar cada práctica e intervención docente desde las preguntas fundamentales que todo educador debería responder, estaríamos frente a un nuevo paradigma seguramente. ¿Qué preguntas?
-          ¿Qué tipo de ser humano deseo formar? – Antropológica
-          ¿Con cuales valores y contenidos? – Axiológica
-          ¿Para qué? - Teleológica
En un intento por ser consecuentes con la crítica expuesta una vez que, de manera sintética, exponemos algunos de los rasgos que colaboran a la formación de un determinado tipo de subjetividad, debemos plantear un intento de propuesta. De lo contrario solo nos quedaríamos en el plano de la denuncia superflua al estilo: “esto está muy mal, pero no tengo idea de que estaría mejor que ello” y seria esto lo más parecido a las charlas que tenemos acerca de futbol y sistemas tácticos o convocatorias a los seleccionados.
Entiendo que la mejor propuesta es referirnos a estas preguntas fundamentales de la Educación de manera tal que pongan en cuestión nuestras prácticas habituales. De esta manera podremos tener en cada una de las intervenciones docentes un mapa de fundamentos y criterios desde el cual abordar contenidos y didácticas orientadas a conseguir lo que se proponen de manera eficaz y certera. A ningún docente se le ocurriría contestar a estas preguntas aduciendo: “quiero formar una subjetividad egocéntrica, despreocupada de su contexto socio-económico-familiar-educativo-etc., que haga caso omiso de sus emociones y reprima todo tipo de impulsos; que sepa muchos contenidos aunque sea sin saber para qué, que comprenda que vivir aislado es mejor y que debe perseguir a toda costa el bienestar económico por sobre todo para tener una posición dominante en la sociedad y poder acceder a los mejores servicios”. Realmente aunque alguno lo entienda de esta manera seria mas que raro que lo exprese… pero de todas maneras estas preguntas no tienen una única respuesta sino una variedad muy amplia de aquello que llamaríamos “buenas respuestas” en contraposición con la ficticia expuesta.
La centralidad del tema reside en la direccionalidad de las preguntas fundamentales respecto de nuestro tema: mucha bibliografía referida a la pregunta teleológica de la educación, pero muy pocas veces nos detenemos a pensar en el aspecto antropológico y axiológico. Mejorar las expectativas de empleo; para una vida con sentido y participación comunitaria; para la evolución de la economía; la reducción de la pobreza; etc. Y esto se entiende que así sea en un contexto cambiante y en la interpretación de la realidad actual: mundo globalizado, características regionales, necesidades diversas, tecnologías, mercados, etc. ¿Dónde poner el foco?
Si la mejor manera de salir de un laberinto es por arriba, siguiendo a Marechal, entonces tendremos que elevarnos un tanto (aunque últimamente vemos que la mejor manera de escapar parece ser cavando túneles…) y apuntar las preguntas hacia un fin que pueda permanecer mas o menos estable aun en realidades cambiantes. ¿Es posible? Está claro que esto nos arrojaría una serie de proposiciones formales que intentarían dar cuenta de la problemática, pero para ahorrar esfuerzos y no seguir dando vueltas sobre las mismas conexiones neuronales que ya están hechas, vamos a citar lo que consideramos la mejor formulación de que cosa sea lo que tenemos que hacer para dar en el blanco y lograr educar para verdadero desarrollo, y es “... buscar el nuevo humanismo que permita al hombre hallarse a sí mismo, (…) Así es como podrá cumplirse en toda su plenitud el verdadero desarrollo, que es el paso, para todos y cada uno, de unas condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas.” (PP, 20)
De donde surge entonces la necesidad de inculcar los valores necesarios para que esto pueda efectivamente hacerse realidad. Los valores de una educación que apuntan a la famosa calidad educativa, y que son los que tienden a perpetuar la reproducción del sistema, los tenemos que tamizar desde esta perspectiva superadora, entendiendo su origen y orientando su transcurrir para conseguir la “humanización educativa”.
Ahora bien, si para algo nos va a servir la filosofía es para preguntarnos y re-preguntarnos, con lo cual vamos a poner de relieve y en cuestión los valores que transmitimos y clarificar conceptos para intentar vislumbrar un camino. Y las preguntas de la filosofía entiendo que deben ser siempre: ¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué? Es la actitud del niño que siempre pregunta. Entonces apliquemos estas preguntas a eso de la “humanización educativa” o la “educación humana”.
Economía, política, medicina, cultura y todas las actividades, como así también la educación, deben ser la premisa que se contiene en la expresión “Economía Humana”. ¿Qué quiere decir esto?: que ningún aspecto de la actividad humana debe estar descentrada de la problemática de hombres y mujeres, en y de Instituciones, en y de Organizaciones, en y de estructuras, etc., concretos y palpables y que tienen condicionamientos y horizontes de expectativas. Es decir, y con más simpleza imposible, que son humanos. Son concretos. Y deben ser dignos.
¿Y que es dignidad? Decir vida, es decir vida humana concreta: trabajo, tierra, casa, alimentación, salud, educación, familia, participación, cultura, medio ambiente, fiesta. Todas estas «necesidades básicas» son realidades corporales esenciales y en cada una de ellas se juegan todas las dimensiones antes mencionadas: económica, política, ética, espiritual, etc. Ninguna realidad de vida es sólo económica o sólo espiritual.” (Teologia en la Teologia de la Liberacion, Pablo Richard. Mysterium Libertionis).
¿Y por qué? Porque justamente lo que buscamos es formar subjetividades libres. Lo que quiere decir que buscamos formar personas capaces de poseer esa libertad necesaria como para comprender que nuestros países, nuestra region y que el mundo necesita que nos despojemos de las lógicas del materialismo mecanicista que nos conduce a lugares con cada vez menos “condiciones mas humanas”.
Perfecto, pero… ¿qué hacemos entonces? Pensar, reflexionar y construir interdisciplinarmente una propuesta de trabajo. De esta manera daremos lugar al compartir, debatir y  pensar en los distintos lugares donde actuamos mas y mejores variantes con el fin de promover un cambio en la formación de nuestros docentes y estudiantes. Esto hace que necesariamente pongamos en cuestión el sistema de valores actual para la construcción y desarrollo de nuevas maneras de intervención proponiendo un cambio “desde abajo” y no reclamando por nuevas políticas o planes de estudio o contenidos curriculares. Este re-pensar el sistema de valores y por ende volver a preguntarnos por el subjetividad de nuestra educación tiene el propósito de formar, ahora si dicho expresamente, subjetividades capaces de intervenir en la realidad siendo actores activos del desarrollo.
Lo educativo en este sentido desborda los límites de la educación formal y los contenidos curriculares, de manera tal que no continúe reproduciendo el sistema mecánico y exclusivo. Entonces toma relieve y sentido la consigna de educar en valores pensando en formar una subjetividad desde una argumentación humanística integral. Inmersos en la tarea de atiborrar con contenidos y mas contenidos, los docentes perdemos de vista el horizonte y se desdibujan las preguntas fundamentales para dar paso al temario.
Educar y formar. Esta es la propuesta. Generación de espacios dentro de la currícula donde fomentar la creatividad y la capacidad de innovación de los estudiantes puestos de frente ante situaciones concretas de necesidad. Si preguntamos a cualquier docente que expresa el proceso de aprendizaje significativo sin duda nos recitara varias frases de Ausubel y compañía, pero muy pocas veces las respuestas van orientadas al intento de poner al estudiante a pensar con sus conocimientos, sus motivaciones, intereses, miedos, historias, de qué manera se puede romper la lógica de la desigualdad y la no inclusión. El cambio tiene que ser epistemológico.
Enseñamos contenidos. No que hacer con ellos. Un ejemplo: recreo de un profesorado y charla con una docente de matemática. Entro en la conversación luego de escuchar que “los chicos de 6to año no tienen posibilidad de comprender derivadas e integrales”. Pregunto entonces si se trata de un problema ambiental o madurativo, o sea, si es que no los preparamos antes para ello o si es que el chico no está desarrollado para comprenderlo como mi hijo de 2 años no está desarrollado para comprender que 2x2 es 4. La respuesta fue un triste “nunca lo había pensado, no sé. Yo sé que no lo entienden”. Pero resulta que nadie les dijo para que servían, que con ella pueden calcular cuantas repeticiones de flexiones de brazos pueden hacen en educación física o calcular un sistema de cuotas de una tarjeta de crédito.
Y si encima a esto le sumamos y nos proponemos enseñarles que no solo se trata de conocimientos sino de que hacer con ellos y que ese hacer puede transformar realidades, entonces tenemos una base un tanto mas asequible para generar conciencias de cambio. Un trabajo que realizamos en un Colegio integra varias materias de manera tal que los contenidos curriculares que se “entrecruzan” se trabajen transversalmente a través de distintos proyectos. Estos proyectos están basados en la innovación porque se trata de productos o servicios necesarios en la industria o el mercado que no están desarrollados y que añadirían un valor agregado a varias economías regionales a la vez que serían generadores de mas fuentes de trabajo y mas calificadas. A la vez que integran necesariamente conocimientos provenientes de distintas áreas deben aplicarlo para la solución de problemas reales, siendo la condición que el proyecto alcance de alguna manera una propuesta de mejora de las condiciones actuales y sea instrumento de promoción.
Para esto fue necesaria una discusión donde directivos y docentes pensaran de qué manera abordar y conducir los contenidos para vincularlos con otras materias y que de esta forma los estudiantes sean movilizados a plantear los proyectos. Esto a su vez conlleva la discusión acerca de que tipo de estudiante queremos formar y para qué. Entonces generamos la conciencia de que vamos a implementar las estrategias necesarias para que los valores a transmitir sean acordes con esta propuesta: la creatividad, la innovación, grupos de interés, saberes orientados a resolución de problemas reales, sentido comunitario, el saber recibido y aprendido como fuente de cambio social, que la apropiación de saberes tiene que tener una “vuelta” a la sociedad, trabajo comunitario, etc. De esta manera el eje temático no gira ya en torno a contenidos sino con vistas a la consecución de un proyecto que tiene que ver con la comunidad.
No es la idea exponer aquí determinados proyectos ni casos de éxito en algunos lugares, dado que no solo es muy probable que no tengan los mismos resultados en otras instituciones sino que se trata simplemente de mostrar que la propuesta siempre debe partir de las preguntas fundamentales: no puede ser que la pregunta surja porque el resultado no es el esperado. Siempre al inicio tenemos que preguntar que tipo de persona tengo enfrente, como quiero formarla, que sistema de valores debo trasmitir y fomentar en ella, para que, por qué. Dentro de esta Institución: ¿Qué personas hay? ¿Cómo las quiero formar? ¿Cómo las puedo formar? 
Insistimos una y otra vez en que la educación es un vector importantísimo para la gestación del cambio, sabiendo que no es el único ámbito donde debe darse, pero teniendo en cuenta que el horizonte de expectativas debe ser la formación de actores transformadores de la realidad en base a la trasmisión de valores y saberes que “desde abajo” logren impulsar un nuevo modelo de desarrollo a través de una nueva conciencia colectiva que ponga en relieve este nuevo rumbo: conocimientos y sistema de valores orientados al desarrollo de las personas, generando espacios, ideas, proyectos, acciones que hagan mas humanos los espacios, ideas, proyectos y acciones que aporten a la construcción de países integralmente desarrollados. 



[1] La noción de subjetividad la utilizamos para evitar el término sujeto. Sin querer entrar en detalles sostenemos la dificultad del mismo y su crítica desde la concepción nietzscheana.